2020 de Junio del 17

“El rol del editor es aportar alguna diferencia a lo que está sucediendo”

Hernán López Winne fundó Ediciones Godot junto a Víctor Malumián, con quien compartirá la tutoría del módulo editorial del Curso de Formación en Industrias Creativas. En esta entrevista, López Winne reflexiona sobre su rubro.

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Víctor Malumián y Hernán López Winne

 

En 2009, Hernán López Winne y Víctor Malumián fundaron Ediciones Godot. Tres años más tarde, le dieron forma a la Feria de Editores, para la que convocaron a 25 editoriales argentinas. En 2019, la octava edición de la Feria reunió a 250 sellos de distintos países. Convocado junto a Malumián para desarrollar el módulo Editorial del Curso de Formación en Industrias Creativas, López Winne analiza aquí el presente del rubro en Argentina.

-¿Qué es una editorial independiente y qué tipo de propuestas entran bajo esa denominación?

- Es una pregunta bastante compleja. Si bien por economía de lenguaje todos sabemos, con una variante de grises, a qué nos estamos refiriendo, en sí es un término raro, medio difuso. Creo que nosotros estamos más del lado de pensar la independencia como una zona, con distintos matices, donde no es una categoría fija. No es que un proyecto, una editorial, va a ser siempre independiente, salvo que pueda mutar todo el tiempo. En definitiva, ¿qué es ser independiente, en términos de qué? ¿Si tenés espalda financiera para empezar proyecto o no? La verdad que eso no importa, si tenés una herencia y la querés poner en un proyecto editorial, si ganaste la lotería y tu sueño era poner una editorial y publicar los libros que querés, ¿va a ser menos independiente que alguien que empieza sin un capital inicial? La verdad que no. Entonces por eso es tan difícil responder la pregunta con algo concreto. Lo concreto sería pensar una zona, más que una categoría fija, y pensar en términos de la especificidad y particularidad de cada proyecto.

- En términos culturales y sociales, ¿cuál es el rol del editor o la editora en este tipo de proyectos?

- Creo que ahí lo que hay que tener muy presente es si lo que publicamos tiene algún tipo de incidencia en el mundo. Esa es nuestra mirada, al menos, si está bien lo que pensamos desde el minuto cero hasta que se distribuye: vamos a publicar algo que tenga algún tipo de incidencia en el mundo. Así lo lean o compren mil, dos mil o diez mil personas, que ese libro produzca un cambio, impacto, que genere algo. Un libro que al leerlo no nos genera eso como editores, no deberíamos publicarlo. El libro tiene que generar algo, tiene que producir una especie de cosquilleo. Sobre todo porque publicar un libro implica una inversión, y eso nunca hay que perderlo de vista. Si te estás jugando a poner dinero, que sea en algo que realmente te produce interés. Y que seas consciente de que eso va a generar algo en el mundo, en el mapa cultural. Creo que el rol del editor, de la editora, es ése: aportar alguna diferencia a lo que está sucediendo.

-¿Cómo se construye el catálogo y qué es lo que lo diferencia del que proponen las grandes editoriales ?

- Quizás la gran diferencia con las multinacionales, las editoriales que forman parte de grandes grupos, es que si bien los títulos que pensamos obviamente tienen que tener un plan de negocios, una lógica de cómo los vamos a vender, no es lo que prevalece cuando decidimos publicar tal o cual libro. Porque incluso en términos de objetivos, considerando que nuestras tiradas suelen ser de dos mil ejemplares, vender mil en un año para nosotros es un muy buen número, y para una multinacional probablemente sea poco. Creo que hay una diferencia en cuanto a plazos y escalas. Si nosotros estamos convencidos de lo que vamos a publicar, publiquémoslo, vendámoslo y apuntemos a que sea un título que forme parte de un catálogo que perdure en el tiempo. Esa quizás es la diferencia más grande, es esa lógica de sacar un libro que, sin importar cuánto venda, se logra apuntalar constantemente en el tiempo para que no muera en el catálogo. Por supuesto, una multinacional publica cuarenta títulos por mes y nosotros con suerte publicamos dos. También hay una diferencia en cuanto a la lógica de publicar menos pero con más apuntalamiento, pensando en eso, que sea un catálogo que prevalezca en el tiempo.

- En relación a lo anterior, ¿cómo se construye y cómo se fideliza el público de las editoriales independientes?

- En términos de público, que para nosotros es como el gran arcano de la actividad editorial, y que nunca lo vamos a terminar de saber, sí trabajamos todo el tiempo para trabajarlo y fidelizarlo. La pregunta es: ¿qué le doy a la gente que me lee, qué le aportan mis libros? ¿Es simplemente contenido o es también la forma? Creo que ahí la gran preocupación de todas las editoriales independientes es tener un buen diseño, una buena traducción, un buen diseño de tapa e interiores, preocuparse hasta por el más mínimo detalle del libro como objeto, porque además después va a competir con cientos de miles en las librerías. Creo que pasa por ahí el desafío: necesito aportar lo mejor posible en términos de traducción, diseño de tapa, diseño de interiores, de distribución, de prensa y difusión, por dónde voy a comunicar la salida del libro, qué voy a hacer incluso antes de que el libro esté publicado: voy a hablar con periodistas, libreros, libreras. Hay que ser muy creativo para pensar esas cosas, pero el desafío es pensar el mejor libro posible, en todos sus aspectos, para que eso pueda incorporarse al mercado de libros, que además es bastante caníbal, con la cantidad de libros que se producen. Ahora en caída, pero igualmente una librería pequeña recibe todo el tiempo todo tipo de novedades, lo que la obliga a ver qué exhibir y qué no. Va a estar más exhibido el libro que, como objeto, sea más lindo y tenga mejores cualidades de producción.

- En estos tiempos en donde los consumos culturales se concentran en múltiples pantallas (que pueden quitar tiempo a la lectura), o incluso en tiempos en que se incrementa la lectura en ebooks, ¿por qué se sigue apostando a imprimir y leer en papel?

- Creo que estamos lejísimos de que el e-book genere ventas que permitan considerarlo como algo importante. No porque no haya que hacerlo, porque al menos en Godot tenemos la gran mayoría de nuestro catálogo en e-book, y son ventas marginales. De hecho creo que muy pocas editoriales, de Argentina al menos, tienen su catálogo en e-book, probablemente por eso. Pero, sin embargo, aunque las ventas sean marginales, en esta pandemia cuando se decretó ese primer mes de cuarentena, del 19 de marzo al 13 de abril que estuvo todo cerrado (y recién el 13 de abril se habilitó la venta por delivery), fue un mes perdido. En ese mes, al menos, con nuestro catálogo digitalizado tuvimos la posibilidad de difundir y vender algo. Porque una editorial vive de los libros que vende. En ese aspecto el e-book es importante. También, porque soluciona problemas de logística si alguien quiere comprar el libro en otro país, o si alguien desde España quiere hacer una nota, porque mandar el libro físico por correo sale carísimo, etc. Creo que, en absoluto, el e-book canibalice la venta en papel, porque hay una cultura muy fuerte del libro impreso, porque es algo que desde el Siglo XV en adelante sigue persistiendo, y va a seguir persistiendo. No obstante, creo que hay que prestarle atención a la cuestión digital, porque en algún momento va a empezar a crecer.

- Tras el duro revés que sufrieron las editoriales durante el macrismo, el nuevo gobierno nacional reactivó el Plan Nacional de Lectura, que durante el kirchnerismo empujó el trabajo de muchas editoriales. ¿Qué perspectivas se abren en relación a las políticas culturales para el sector, pandemia mediante?

- En términos de políticas culturales, pandemia mediante, creo que está por verse. Si bien se reactivó el Plan Nacional de Lectura todavía no hubo grandes noticias al respecto. Se hicieron, sí, las compras de Bibliotecas Populares de Conabip a distancia, que está funcionando muy bien. Se hizo un buen trabajo desde Conabip, la Fundación El Libro, la Cámara del Libro, porque la verdad están llegando muchos pedidos de bibliotecas. Eso está bueno porque, por un lado, sostiene un nivel de ventas que durante la Feria del Libro de Buenos Aires era muy importante, y por otro que las bibliotecas no se queden sin tener sus libros, que habitualmente compran durante la Feria. Eso anduvo muy bien. Salieron algunas líneas de subsidios del Fondo Nacional de las Artes. Creo que hay que esperar un poco más para ver si va a haber alguna otra ayuda, préstamo, subsidio para el sector. Sí hay señales de cosas que se hicieron bien.

- ¿Cómo afecta la pandemia a la industria del libro y en particular a las editoriales independientes?

- Para bien o para mal, las editoriales independientes tienen estructuras chicas, o muy chicas, entonces a veces en una crisis como esta es más fácil replegarse y aguantar, que si tenés estructuras más grandes. El resultado inmediato es que el calendario de publicaciones, al menos en nuestro caso, hizo que pasáramos para el año que viene algunos títulos. No sólo en términos de dinero, la posibilidad de invertir en libros, sino por tiempo: si teníamos planificado editar 16 títulos en un año, y publicamos hasta ahora cuatro o cinco, no podemos publicar once títulos en cinco meses. Eso sí creo que afecta en particular a editoriales independientes, que tienen un calendario de novedades quizás más acotado, pensado y diagramado, pero de repente no facturaste nada y tenés que ver qué titulos publicás, cuáles dejás para el año siguiente, qué posibilidades tenés de invertir y estimar qué posibles ventas tendrá un título u otro. Creo que, como siempre, con la pandemia, cuando hay una crisis económica uno hace énfasis en su sector porque es lo que conoce. Pero creo que la pandemia afecta a todos los comercios. En el caso de las librerías, que tuvieron que estar cerradas sin vender, hay un punto clave que es que las librerías tienen una serie de costos fijos muy altos y, al estar cerradas, ese costo lo tiene que pagar igual. En ese sentido no hubo ninguna solución relacionada con el pago de alquileres. Creo que sí hubo una afectación particular, donde las librerías cerraron y, en consecuencia, las cadenas de pagos se frenaron. Es como un dominó: cierran las librerías, que no facturan y a la vez tienen que cubrir sus costos fijos (que son altos: alquileres, servicios, empleados, cargas sociales), si bien hubo medias del Gobierno para paliar un poco eso, la librería prioriza cubrir esos gastos (y está bien que se preocupen primero por pagar los sueldos) pero eso inevitablemente acarrea que las editoriales no cobren. Y si las editoriales no pueden cobrar, la imprenta tampoco, entonces se produce un dominó de cesación de pagos que no está bueno para nadie, y que calculo habrá pasado en muchos otros rubros. Por suerte ahora se está reactivando, y creo que ahí sí hay un cañón muy fuerte. Hay que ser creativos y pensar cómo llegar a vender más libros.