2020 de Mayo del 14

Mujer en construcción

Dirigida por Cecilia del Valle, Canela se estrenará hoy a través de la plataforma Puentes de Cine. La película gira en torno a la arquitecta y docente trans Canela Grandi Mallarini, y obtuvo premios estímulo del Ministerio de Cultura provincial.

Compartir


(Por Edgardo Pérez Castillo) “Parezco un obrero de la construcción”, ríe Canela Grandi Mallarini, descartando el resultado de arremangar una nueva blusa. Canela ríe con la complicidad de Susana, la mujer que supo contenerla y asesorarla cuando perdió el temor a los vestidores en ese local barrial de ropa femenina. El registro de la escena transcurre mucho después de aquel tiempo en que el arquitecto y docente Ajax Grandi, a sus 48 años, decidió iniciar una segunda vida. El camino recorrido desde entonces permite descubrir ahora a una Canela segura de sí misma, transitando con absoluta naturalidad una cotidianeidad que se reparte entre obras en costrucción, clases en la Facultad de Arquitectura y una vida familiar que conoce de nacimientos y pérdidas. Esas vicisitudes son también las que atraviesan a Canela, el “documental fronterizo” dirigido por Cecilia del Valle, que hoy tendrá su estreno oficial en la plataforma Puentes de Cine.

Resultado de un proceso de trabajo que se prolongó durante más de seis años, Canela: sólo se vive dos veces es la ópera prima de Cecilia del Valle. Ganadora del concurso quinta vía de Incaa, la película fue seleccionada para la sección oficial del Bafici, aunque debió readecuar su plan de exhibición luego de la cancelación del festival y de un contexto de aislamiento que afectó además su presentación en distintas salas del país. Entre ellas, el cine El Cairo. De allí la relevancia de su llegada a la flamante sección Cine Virtual de Puentes de Cine, en un estreno que además tendrá carácter solidario: casi un tercio de cada entrada vendida será destinado a la gestión de fondos para el acompañamiento de personas trans en todo el país a través de las organizaciones y las redes de la Liga LGBTIQ+.

Producida también por del Valle, la película contó con la participación de Romina Tamburello como colaboradora de guión, montaje de Verónica Rossi, dirección de fotografía y cámara de Lucas Pérez, diseño de sonido por Santiago Zecca, música original de Juani Favre, producción asociada de Pamela Carlino, jefatura de producción de Roxana Bordione y tratamiento de color de Alejandra Lescano.

Sin subrayar ni exaltar respuestas, la película de Cecilia del Valle plantea interrogantes que hablan de problemáticas de género, sociales, urbanísticas, económicas. Pero, sobre todo, dan lugar al devenir de una mujer que se permite pensar un porvenir en la juventud de una nueva vida. Una segunda vida que ya vislumbra las consecuencias del paso del tiempo, que se encuentra en la disyuntiva de una aceptación que va más allá de la decisión de afrontar, o no, una vaginoplastía. En todo ese periplo, Canela cautiva con su humor. Por contraste, impactan sus momentos de angustia, los temores, las lágrimas.

De esa manera la película se construye con fragmentos sólidos, sin pretenderse concluyente, habilitando información clave desde situaciones cotidianas que se ofrecen con naturalidad. De ese modo, si en la superficie la de Canela es una historia de transformación, la esencia del largometraje es más bien universal: el miedo, el amor (el que siente por su madre y por sus tres hijes; también aquel que se ha perdido y reencontrado, reconvertido en esperanza y posibilidad), la vejez, la soledad. Porque Canela afronta decisiones claves para reafirmar una identidad que, se intuye, no necesita de riesgosas intervenciones quirúrgicas. Aún cuando uno de los ejes dramáticos de la obra esté dado, precisamente, por esa disyuntiva: ¿cuál es el costo-beneficio de afrontar una cirugía? ¿quién cuidará de ella en caso de ser necesario?

Es a partir de esa reflexión y búsqueda (de respuestas propias pero, sobre todo, de las que pueda brindarle su entorno) cuando Canela brinda sus momentos de mayor vulnerabilidad. Esos que contraponen al humor que la caracteriza y fortalece, el ánimo con el que respalda y apuntala su vida y vínculos. Cuando ese humor deja paso a los temores, las dudas o la nostalgia, Canela conmueve.

“Me pasaron muchas cosas como realizadora en relación a contar esta historia. Pero de una de las cosas que me dí cuenta con el tiempo es que Canela se iba guiando más con las preguntas que buscando respuestas”, apunta entonces Cecilia del Valle, y sintetiza: “El paréntesis que registro es unos años después del cambio de género, cuando aparecen otros dilemas, otras tensiones con la familia. Ella se pregunta si necesita o no hacerse la operación, aparecen nuevos dilemas de ese momento nuevo de su vida”.

Luego de seis años de trabajo --que, además del respaldo de Incaa, incluyeron de parte del programa Espacio Santafesino del Ministerio de Cultura los premios Estímulo en la categoría Unitario de TV en 2014 y, en 2018, el de Apoyo a la Movilidad que le permitieron a la directora realizar una Residencia Walden con Marta Andreu como tutora narrativa--, la película encontró un tono a partir, precisamente, del tiempo transcurrido. Así lo entiende también la directora, que destaca, una y otra vez, la amorosidad en el registro. Y resalta: “La impronta del tiempo es clave, ella saca su DNI, su hija se va a España por la crisis, su madre empieza a sentirse mal repentinamente y entra en una larga agonía, se reencuentra con un viejo amor. La película tuvo que encontrar un tono en relación a la persona. Ese tono se fue encontrando en base a todo lo que yo iba conociendo sobre ella, que se fue aflojando. Así el documental pudo reflejar los momentos de quiebre que me pareció interesante reflejar”.

En ese devenir, en Canela aparecen “los miedos, cierta edad, la soledad”. “Por supuesto, ella es una mujer trans, y ser una mujer tras en Argentina, con la edad que tiene, significa ser una sobreviviente --distingue del Valle--. Pero ella es una minoría dentro de la minoría, porque ella transita la mayor parte de su vida dentro de la masculiinidad. Por supuesto además es una mujer de clase media, profesional, con otras necesidades, no tuvo que salir a buscar trabajo siendo trans. Son cosas que no tienen que ver con la historia de una trans marginal, pero sí me parece que hay algo que dijo Leandro Arteaga en su nota de Rosario/12, que dijo que es una película que acerca. Me gustó mucho porque me parece que la empatía que yo sentía por Canela es la empatía que genera la película con el espectador, por lo menos son las devoluciones que voy teniendo también de la prensa, que son los primeros que la vieron”. Si de devoluciones positivas se trata, el documental fronterizo de Cecilia del Valle logró una sustancial: “En un momento Canela, que es una gran cinéfila, me dijo que quería que quería hacer una película que atraiga. Y siento que es una película que a ella le gusta”.

Desde hoy, entonces, la obra iniciará un nuevo periplo. Uno indispensable: el de encontrarse con el público, en un contexto inesperado dado por la imposibilidad de ser proyectada en salas, pero que se reencauzó a partir de la propia vitalidad de la obra, según concluye su directora: “Con la película habíamos quedado seleccionadas para Bafici, teníamos hablado para estar en el Malba, El Cairo, en Córdoba. Pero me parece interesante esta posibilidad de la causa solidaria, con eso la película cobró un nuevo destino, un nuevo sentido. Me parece que, más allá de visibilizar una historia, el momento pedía una acción más concreta. Y más allá del primer cimbronazo, de que las cosas no se dieran como uno quería, le película siempre hizo lo que quiso”.